¿El peronismo tucumano desapareció? ¿Mauricio Macri inspira temor en los dirigentes locales? ¿O la necesidad de fondos y obras vuelve corderos a los combativos lobos justicialistas de estos pagos? Las preguntas no son antojadizas. El Presidente, en charla con este diario, dijo que le parecía incomprensible que una provincia tan rica como Tucumán tenga tanta pobreza. Entre líneas, y ante buenos entendedores, el jefe de Estado de la Nación sostuvo que la gestión alperovichista de los últimos 12 años fracasó en esa materia. Nadie apareció para refutarlo. Ninguno de los adláteres del hombre que más tiempo estuvo al frente del Poder Ejecutivo en la historia de esta provincia salió a cuestionar el rótulo de pobre que le puso a nuestro distrito. Ni los anteriores funcionarios ni los actuales, continuadores del legado alperovichista, osaron salir a aclarar que el Tucumán de la era Alperovich fue pujante, prolífero en creación de empleo, obras y viviendas. ¿Qué pasó? ¿Se impone el refrán que dice que el que calla otorga?
Extraños sucesos políticos avalan la teoría de una era de extrema prudencia del peronismo comarcano para con un Gobierno nacional que supuestamente está en las antípodas de lo que fue el movimiento kirchnerista del que los popes tucumanos formaron parte. Uno de ellos es la postura del ex gobernador. Según trascendió, José Alperovich le habría dicho al ministro del Interior, Rogelio Frigerio, cuando se reunieron en Buenos Aires, que cuente con su voto para las leyes que solicite el Presidente. Le habría manifestado que, salvo que sean cuestiones que puedan dejarlo muy mal parado, levantará la mano a la par de los Cambiemos boys. El ex mandatario supo ser un K puro, con su esposa como tercera autoridad nacional en el Gobierno de Cristina Fernández. Hasta supo vanagloriarse de esa relación privilegiada con la Nación. ¿Tanto cambió su “ideología” en tan poco tiempo?
El actual gobernador también tuvo un comportamiento político “diverso”. En el mismo día -el martes- se reunió por la tarde con el ministro de Economía, Alfonso Prat Gay, y a la noche cenó con los intendentes bonaerenses del kirchnerismo que buscan resistir el embate PRO. El mandatario declaró, tras el encuentro con el funcionario macrista, que habrá una relación fluida y que se trabajará en conjunto, pero al mismo tiempo presentó dos demandas contra la Nación por la Coparticipación. A Macri no le cayó bien esa noticia, ya que había acordado con todos los gobernadores que la cuestión del reparto de fondos se resolvería por una vía política y no por una judicial. La postura de Manzur es lógica e inteligente, pero complicada: necesita llevarse bien con el Gobierno nacional para que le vaya bien a Tucumán. ¿Pero cómo se explica que por la noche se haya juntado con los peronistas que intentan “voltear” el Presupuesto de la niña mimada del jefe de Estado, María Eugenia Vidal? El macrismo sigue de cerca los movimientos del tucumano, porque saben que no será tan fácil para él -aunque lo quisiera- separarse del kirchnerismo residual. No es Juan Manuel Urtubey, por ejemplo, porque el salteño llegó solo al poder y no le debe nada a los K. Por ello se reúne con quien quiere y coquetea con quien le place. Manzur no puede darse ese lujo. Le debe casi todo al kirchnerismo, que lo mimó y cuidó en extremo. Quizás por ello no le quedó otra que cenar en El Mangrullo con los “barones” bonaerenses. Lo miran como un posible conductor del peronismo antimacri nacional por la simple razón que es el gobernador más fuerte que le quedó al kirchnerismo (los grandes distritos quedaron en manos de opositores al peronismo que gobernó hasta diciembre). Por ahora, Manzur es cauto y contesta con evasivas cuando se le pregunta por esa chance. Sin embargo, hay peronistas que especulan con que el ex ministro de Salud de la Nación podría ser un anticipado líder peronista y quizás más si a Macri se le incendia el país. Son sueños de los que perdieron el poder, pero que entusiasman a los locales, en especial al propio Manzur que siempre soñó en grande. Quizás por ello, a nivel nacional también preparan piedras redondas para cargar la honda y apuntarle al cuerpo al tucumano, de ser necesario. Algunos cambistas visitaron al juez Claudio Bonadio para preguntarle cómo va la causa por el plan Qunita, en el que Manzur está denunciado, y el magistrado les habría dicho que marzo será un mes que traería novedades escandalosas.
El verano está así, con el clima cambiante, con lluvias y sol intermitentes. Igual están los dirigentes, que gustan del sol, pero no quieren quemarse. Y que sienten alivio con la lluvia, pero les temen a las inundaciones...